Programa especial para socios del Grupo CineUC
8 al 15 enero
Una selección de destacadas películas estrenadas durante 2006 Que resumen las diversas formas de entender el cine en Estados Unidos, América Latina, Asia y Europa.
Este programa esta diseñado para que de manera gratuita los integrantes del Grupo CineUC-que a la fecha suman más de 900- puedan acceder a ver cine de calidad. Durante este ciclo el público general también podrá inscribirse para pertenecer a este destacado grupo de amantes del cine.
Programa:
Lunes 8 y martes 9 de enero
Hierro 3, de Kim ki-duk. Corea del Sur. 2004
Miércoles 10 y jueves 11 de enero
Flores Rotas, de Jim Jarmusch. EE.UU. 2005
Viernes 12 y sábado 13 de enero
Volver, de Pedro Almodóvar. España. 2005
Domingo 14 y lunes 15 de enero
Temporada de Patos, de Fernando Eimbcke. México 2004
Sala Cine UC
Lunes a domingos 16, 19 y 21:30 horas
General $ 2000, Tercera edad y convenios $ 1500
Club de Lectores del Mercurio, funcionarios y alumnos 2 x1
Entrada Liberada al Grupo CineUC con su tarjeta de socio
Centro de Extensión, Alameda 390, Santiago
Boletería e Informaciones 354 6546 / 354 6516
Reseñas
Hierro 3
En busca de la ingravidez
Christian Ramírez
Indiscreto La película tiene un curioso sabor a thriller, a una versión apacible de La ventana indiscreta de Hitchcock.
Se supone que una cinta debe hacer lucir a sus estrellas, pero el filme del surcoreano Kim ki-Duk apuesta por volverlos invisibles. Una nueva muestra de que el cine en Asia es uno de los más vigorosos de la industria mundial.
Christian Ramírez
La idea de Oriente como la nueva meca de la cinematografía es tan certera como engañosa.
En términos fílmicos, Asia lo tiene todo para ser el futuro, porque en ninguna otra parte del globo se está produciendo un cine tan consistente en términos de calidad, variedad y volumen, pero al mismo tiempo su estatus de fenómeno corre permanente peligro, debido a las veleidades del mercado y la distribución. Como laboratorio de ideas e historias, de momento no tiene parangón, pero su perenne guerra contra la piratería (batalla perdida) y contra el espacio ocupado por las omnipresentes superproducciones estadounidenses siempre mantienen la situación en un punto límite.
Tal vez sea esa tensión insoportable la que alimenta el tremendo filo y garra de filmes como Sympathy for lady Vengeance (2005), la nueva película de Chan-wook Park (el director de Oldboy): un increíble retrato del infierno femenino que Almodóvar ya se quisiera en su propio currículum y probablemente uno de los mejores filmes que llegarán por estos lados en cualquier formato (en sala, DVD o bajado por internet) durante el año. Por cierto que falta su resto para que Lady Vengeance llegue a nuestros cines, pero para quienes quieran un plato de similar calibre, este jueves 8 de junio se estrenará la inclasificable Hierro 3, un objeto que en ningún caso califica como mero premio de consuelo.
Sin palabra alguna
Como ha ocurrido con muchos de los mejores filmes producidos por Corea del Sur en lo que va de la década (My sassy girl, Memories of murder, JSA, Turning gate, entre muchos otros imprescindibles), Hierro 3 no es una película de cine arte, aunque por estos lados tal vez no exista otro formato para marketear la historia de Tae-suk, un sujeto que se pasea en moto por barrios suburbanos buscando casas con dueños ausentes, las que procede a ocupar, ordenar, reparar y luego abandona -sin llevarse nada-, antes de pasar a la siguiente. El punto es que un buen día la silenciosa casa a la que llega no está sola. Ahí dentro hay una mujer golpeada y un esposo abusador, por lo que -de improvisado cultor del Feng Shui- el "invasor" se transforma en ofendido observador, luego es atraído por la chica y, obvio, comienza a tener deseos de intervenir...
Descrita de ese modo y hasta ese punto, la película tiene un curioso sabor a thriller, a una versión apacible de La ventana indiscreta, sólo que el mirón imaginado por Hitchcock esta vez entra físicamente a las casas de sus vecinos y no se limita a apuntarles con el lente de su cámara; pero para cuando el espectador se ha dado cuenta de ese detalle ya hay otro, mucho más evidente, que no se puede sacar de la cabeza: los personajes principales no hablan. Ni Tae-suk, ni la chica (llamada Sun-hwa) dicen una sola palabra, lo que en principio puede resultar bastante intrigante, porque -en rigor- no es una película muda.
Depósito de rabia
Kim ki-Duk, el director de la cinta, ya había intentado algo similar en Primavera, otoño, invierno y otra vez primavera (2003) y con al menos uno de los personajes de su obra maestra, La isla (2000), pero en cada caso había motivos distintos: en el filme más reciente el silencio adoptaba un matiz simbólico y purificador; en el más antiguo, la mudez era una exigencia dramática, pero también servía para enterrar secretos y como un infinito depósito de rabia. En Hierro 3 lo que no se dice y lo que se calla parece cumplir todas las funciones anteriores, con una irónica ventaja extra: en su faceta "chico conoce chica" no tiene que recurrir a ninguna clase de diálogos que parezcan "frescos o inteligentes", el filme simplemente eleva la apuesta y su relación se transforma en un complejo intercambio de gestos, miradas y posturas.
Para entonces la propia película ya está contagiada de su propio juego -Tae-suk convence a Sun-hwa para que lo comience a acompañar en sus andanzas como invisible okupa en los suburbios-, de manera que lo que parecía una aventura surrealista deviene por unos momentos en juguetona historia de amor, en una suerte de romance en fuga que volverá a mutar una vez más, hacia el final, cuando todo lo que sucedió antes en el filme ya parece emanado de un lugar muy lejano.
Un curioso tipo de ladrón
Esta apariencia camaleónica de la cinta no es novedad en Kim ki-Duk, quien desde que comenzó a dirigir, en 1996, produce alrededor de una película al año, cada una radicalmente distinta de la anterior, como si tuviera horror a encasillarse; claro que en Hierro 3 esta actitud se vuelca directo sobre el propio protagonista y su interacción con el medio ambiente: la audiencia puede partir considerando al silencioso Tae-suk como un curioso tipo de ladrón y es evidente que él piensa en sí mismo primero como un aventurero y luego como un enamorado, aunque lo que de verdad parece ocupar al realizador es poner de manifiesto la capacidad y pasión de su héroe por no dejar huellas, por conseguir -en cierto modo- la invisibilidad absoluta (por convertirse en algo tan inadvertido como el hierro 3, según los cineastas, el bastón más "ignorado" por los jugadores de golf).
Si la regla general es que una cinta se define por su capacidad de exhibir, de mostrar a sus protagonistas y destacarlos de la masa, Hierro 3 funciona al revés: se vuelve más interesante a medida que éstos comienzan a desaparecer en su entorno, a fundirse con él.
El efecto producido (en especial a partir del tramo final) es similar al que causan las obras maestras de Jacques Tati (Mi tío, Playtime), donde su autor -quien también tenía por costumbre casi no decir palabra- evitaba robar cámara en la medida de lo posible y prefería convertirse en un punto más dentro del encuadre, una de tantas otras cosas que el espectador puede mirar absorto en la oscuridad. Lo de Tati era una alegre búsqueda de pragmatismo y pureza. A través de las excéntricas aventuras de Tae-suk, Kim agrega a la ecuación algo que muy rara vez se aprecia en pantalla: pura ingravidez.
Flores rotas
Claveles del aire
Quizás por "Hechizo del tiempo" (1993), por alguna de las películas de Wes Anderson y desde luego por "Perdidos en Tokio" (2003), el actor Bill Murray poco a poco encontró el tono, ritmo e intensidad de su personaje: un hombre en la madurez y con la vida hecha, que sin embargo aún no tiene las cosas claras y es un ser poco expresivo, impávido y quizás triste, casi una sombra que camina.
"Flores rotas" de Jim Jarmush es un ejercicio para un solo hombre, donde Don Johnston es un solterón abandonado por su última amante y en este trance recibe la carta de una de sus antiguas parejas, donde le anuncia que ambos tuvieron un hijo y el joven podría ir en búsqueda de su padre.
Johnston, empujado por el entusiasmo e insistencia de su vecino Winston (Jeffrey Wright), decide emprender su propia búsqueda un poco a regañadientes y sin demasiada convicción. Más bien lo hace porque no tiene nada mejor que hacer y viaja hacia cuatro destinos y en busca de otras tantas mujeres a las que conoció hace largos 20 años.
Jarmush filma el retorno al pasado de un hombre enigmático, que en las puertas de la vejez presiente la soledad de la casa vacía, el televisor como única compañía y la rutina de vestirse todos los días con un buzo distinto. Esta es una película serena, contemplativa y sin drama, porque el protagonista es una especie de fantasma que se mueve con una carta de navegación con planos, rutas y direcciones que lo acercan a esas cuatro mujeres, donde una de ellas puede ser la madre de su hijo.
Entre Laura (Sharon Stone), Dora (Frances Conroy), Carmen (Jessica Lange) y Penny (Tilda Swinton), que en el presente han sido mejor o peor tratadas por la vida, están las cenizas de los viejos sentimientos, los restos de cariño, pasión, rabia o desprecio.
Cada encuentro se abre y cierra con lentos fundidos en negro, son capítulos del libro de vida de Johnston que se alternan con su espera en las piezas de los moteles, donde a veces un cuadro de naturaleza fría y estática se confunde con la naturaleza viva de su viaje, caminos entre bosques, hacia las casas de alguna de esas mujeres, para que escudriñe con pudor y cierto temor lo que pertenece al pasado.
La descripción del viaje no estaría completa sin advertir que en el presente y muy fugazmente, algo puede cambiar: cuando Don Johnston mira las piernas de una azafata o cuando en una tienda una joven de nombre Sun Green, le cura la herida de una ceja, el director Jim Jarmusch anuncia que nada está definitivamente resuelto, porque a la vuelta de un esquina o por un encuentro casual, el destino de dos personas puede modificarse.
Quizás el silencio, inexpresividad y asombro del personaje, tienen que ver con el paradigma de los sentimientos, donde nada es irrompible, pero al mismo tiempo todo se puede romper entre un hombre y una mujer.
El pasado y el futuro, lo ya escrito y lo que está por escribirse y por eso el rostro de Don Johnston es un fotograma en blanco y "Flores rotas" una historia incierta de final abierto.
"Broken flowers"
2005. EE.UU. Director: Jim Jarmush. Reparto: Bill Murray. 106 minutos. Todo espectador.
Antonio Martínez.
VOLVER
Dirección y guión: Pedro Almodóvar.
País: España.
Año: 2006.
Duración: 110 min.
Género: Comedia dramática.
Interpretación: Penélope Cruz (Raimunda), Carmen Maura (Abuela Irene), Lola Dueñas (Sole), Blanca Portillo (Agustina), Yohana Cobo (Paula), Chus Lampreave (Tía Paula), María Isabel Díaz (Regina), Neus Sanz, Pepa Aniorte, Yolanda Ramos, Antonio de la Torre, Carlos Blanco.
Producción: Esther García.
Música: Alberto Iglesias.
Fotografía: José Luis Alcaine.
Montaje: José Salcedo.
SINOPSIS
Madrid. Ahora. Raimunda (Penélope Cruz) es una madre joven, emprendedora y muy atracti-va, con un marido en el paro y una hija en ple-na adolescencia. La economía familiar es muy precaria, por lo que Raimunda tiene varios tra-bajos. Es una mujer muy fuerte, una luchadora nata, pero a la vez muy frágil emocionalmente. Desde su infancia guarda en silencio un terrible secreto. Su hermana Sole (Lola Dueñas) es un poco ma-yor. Su marido la abandonó y desde entonces vive sola. Un domin-go primaveral, Sole llama a Raimunda para decirle que la Agustina (Blanca Portillo), una vecina del pueblo, le ha comunicado por telé-fono que su tía Paula (Chus Lampreave) ha muerto. Raimunda ado-raba a su tía, pero no puede ir al entierro porque momentos antes de recibir la llamada de su hermana ha encontrado a su marido muerto en la cocina, con un cuchillo clavado en el pecho. Su hija le confiesa que lo ha matado ella porque el padre, borracho, la acosó insistentemente. A regañadientes, Sole se desplaza sola al pueblo. Entre las mujeres que la acompañan en el duelo escucha rumores de que su madre (que murió en un incendio con su padre) volvió del otro mundo para cuidar en los últimos años a su tía Paula, que es-taba enferma. Las vecinas hablan con naturalidad del "fantasma" de la madre (Carmen Maura). Cuando Sole vuelve a Madrid, después de aparcar su coche, escucha unos ruidos procedentes del malete-ro. Sole lo abre y allí encuentra, rodeada de bolsas, al fantasma de su madre. Sole no tiene otra opción que convivir con el fantasma materno e integrarlo en el trabajo de la peluquería. Por su parte, Raimunda sólo le comenta que Paco, su marido, las ha dejado y que intuye que no volverá. En realidad está tratando de desembara-zarse del cadáver. Lo insostenible se convierte en cotidiano, cada cual por su lado, las dos hermanas emprenden una huida hacia adelante, sobreviviendo a situaciones muy tensas, melodramáticas, cómicas y también muy emocionantes. Ambas mujeres las solu-cionan a base de descaro y mintiendo sin la menor contención. "Volver" es una historia de supervivencia. Todos los personajes lu-chan por sobrevivir, incluso el fantasma de la abuela.
CRÍTICA por Miguel Laviña Guallart
A vueltas con el pasado
El título de la nueva obra de Pedro Almodóvar, en apariencia tan sencillo, esconde numerosos significados. “Volver” es un regreso, más bien un viaje de ida y vuelta, a los orígenes del director, un en-clave de La Mancha muy similar al lugar donde nació. Significa la vuelta a la comedia y al universo femenino, que ha ocupado gran parte de su filmografía, y también el reencuentro con una de sus actrices más emblemáticas, Carmen Maura. Supone incluso una mirada a su propia trayectoria hasta el momento, una especie de resumen que contiene parte de sus constantes temáticas junto a la estilización formal alcanzada en sus últimos trabajos. Todo ello en una nueva muestra del momento de gran madurez creadora que atraviesa el cineasta.
Temporada de patos
Ascanio Cavallo
A las 11 de la mañana de un domingo, Mario "Moko" (Diego Catano) y su amigo Juan Pablo "Flama" (Daniel Miranda), ambos de 14 años, quedan solos en un departamento de clase media alta, en el barrio de Tlatelolco. Las perspectivas para el día son una gran botella de Coca Cola y el Xbox donde jugarán a masacrarse en pantalla, uno con la identidad de Bush y el otro con la de Osama.
Antes de los 10 minutos entra en esta solitaria escena la vecina Rita (Danny Perea), que dice tener 16 años, aunque parece algo mayor, y que pide que le presten el horno para preparar una torta. Y antes de los 20 aparece también Ulises (Enrique Arreola), un repartidor de pizza al que los niños no le quieren pagar porque llegó unos segundos más tarde que la hora prometida.
Eso es todo. Cuatro personajes encerrados en un solo decorado y apenas tres ambientes, durante nueve horas, sin nada que hacer, con esa conciencia del tiempo infinito que se tiene por última vez en la preadolescencia. No hay incidentes dramáticos, no hay comedia desatada, nada que sobresalte o impresione: casi, casi no pasa nada.
Además, en blanco y negro, como para evitar las excitaciones del color. Todas las apariencias apuntan a una propuesta de baja intensidad, ordenada en torno al tedio, al ennui de Pascal, a veces cargado de vacío, y a veces de una profunda e inhábil pena. La referencia fílmica obvia es Jim Jarmusch, desde Más extraño que el paraíso (1984) hasta Noche en la tierra (1991), a la que expresamente cita la secuencia de apertura.
La diferencia es que el tedio de Temporada de patos no está cargado de cansancio, sino de frustraciones. No se las ve de inmediato; emergen lentamente, como los dolores reales. Rita hace su torta porque está de cumpleaños y su familia lo ha olvidado. Ulises realiza un trabajo que odia porque "ya he disparado todos mis tiros". "Moko" vive la separación hostil de sus padres, que se disputan cada objeto del departamento. Y "Flama" sufre el clamoroso despertar de su sexualidad, sin saber si su destino debe ser Rita o "Moko". A las 8 de la noche el departamento no será el mismo y los cuatro protagonistas sabrán que ha sido un domingo de liberación.
Temporada de patos habla del vacío sólo hasta cierto punto. Con sus largos encuadres fijos, su pulcritud visual, su ritmo a ratos moroso y a ratos irónico, su astutísima reflexión sobre el espacio, la pantalla y el tiempo; en fin, con su notable inteligencia fílmica, transporta ese vacío hacia algo que no muestra y que sin embargo emerge con una fuerza asordinada e inequívoca: el dolor de los hogares rotos, la soledad de los abandonados, la infinita fragilidad de las ideas de familia y comunidad.
Fernando Eimbcke es un debutante en el cine mexicano, y se ha ganado muchos de los premios de su país con esta producción de bajo presupuesto. Pero todo eso es menos importante que el valor central de su propuesta: una nueva demostración de que el buen cine siempre es, en la última línea, sensibilidad + inteligencia.
TEMPORADA DE PATOS
Dirección: Fernando Eimbcke.
Con: Diego Catano, Daniel Miranda, Danny Perea, Enrique Arreola.
Duración: 85 minutos.
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